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Etapa 24. O Cebreiro – Samos (31,1 km)

PAISAJES DE ENSUEÑO

Martes 24 de septiembre de 2013

Otro día más saliendo de noche y esta vez con un frío muy parecido al del día anterior. Salimos de O Cebreiro totalmente a oscuras y mientras comienza a amanecer débilmente, vamos progresando por una pista de tierra que nos lleva hasta el primer pueblo de la jornada, que es Santo Estevo de Liñares.

Amanece llegando a San Estevo

Aquí ya podemos ver lo que nos iremos encontrando el resto del camino en Galicia: pequeños núcleos de población con sus típicas casas de piedra conocidos como parroquias, y mucho olor a vaca y a sus respectivas heces, al ser una zona eminentemente ganadera.

Amaneciendo junto al cementerio de San Estevo de Liñares

En Galicia los municipios se denominan ‘concellos’, a los cuales pertenecen distintas parroquias que engloban a su vez a distintas aldeas.

Iglesia de Liñares

Esta aldea de Santo Estevo de Liñares ya es mencionada en el Codex Calixtinus como Linar de Rege, y debe su nombre a las plantaciones de lino con las que se proveía al antiguo monasterio de O Cebreiro. Su origen data del siglo VIII cuando se construye su iglesia de San Esteban, de estilo prerrománico con retablo barroco.

A la salida de Santo Estevo de Liñares encontramos un cruce con la carretera y un cartel indicador que nos informa de las distancias a los pueblos importantes a los que tenemos que ir llegando.

Indicadores a la salida de Liñares

El camino por el que hoy caminamos es una senda de ensueño rodeada de helechos, robles, castaños y hayas, por donde da gusto caminar. Con este paisaje, la primera de las dos ascensiones de la jornada se hace incluso más sencilla. Amanece poco antes de coronar el Alto de San Roque, y vuelvo la vista atrás para contemplar la hermosa panorámica.

Amanecer antes del Alto de San Roque

Alto de San Roque

Llegamos al Alto do San Roque, desde allí disfrutamos unos minutos de la panorámica y nos hacemos la clásica foto con la estatua del peregrino antes de continuar camino de la segunda ascensión del día: el Alto do Poio.

Alto de San Roque, escultura

Tras el amanecer, comienzan a asomar el sol mientras emprendemos la bajada hacia Hospital de la Condesa.

Amanece cerca de  Hospital da Condesa

Esta población se encuentra hoy día llena de vaquerías, y tuvo su origen en un hospital fundado en el siglo IX por la Condesa Doña Egilo, hermana del Conde Gatón, famoso repoblador del Bierzo que ya mencionamos.

Iglesia de Hospital da Condesa

Caminamos un rato junto a la carretera y poco después tomamos un camino dirección Sabugos que nos lleva a Padornelo, otra aldea que destaca por su iglesia de San Xoan, del siglo XV. A partir de aquí comienza la durísima subida al Alto do Poio, que no tiene nada que envidiar a muchos de los tramos de O Cebreiro, aunque por suerte es cortita.

Alto do Poio

Al llegar arriba la mayor parte de los peregrinos optan por tomar un descanso repartiéndose entre las terrazas de los bares que hay por allí arriba y que hacen el agosto todo lo que pueden. Nosotros seguimos por una senda que sale a la derecha, junto a la carretera LU-633, por la que iremos llaneando durante 3 kilómetros hasta llegar a Fonfría, otra pequeña aldea similar a las anteriores, perteneciente al concello de Piedrafita do Cebreiro.

Perro dormido en Fonfría

Lo más destacable de esta aldea es su modesta iglesia del siglo XVI en estilo rural, también dedicada a San Xoan.

Iglesia de Fonfría

Antes de abandonar el pueblo, un perro nos indica el camino a seguir.

Perro indica el camino en Fonfría

A partir de aquí comienza una bajada importante de algo más de 9 kilómetros hasta Triacastela. En unos 2 kilómetros llegamos a O Biduedo, perteneciente ya al concello de Triacastela.

O Biduedo

O Biduedo, parada de bus

Justo 3 kilómetros después llegamos a la aldea de Filloval, similar a todas por las que hemos ido pasando, y únicamente destacable por poseer la particularidad de que puede escribirse indistintamente con v o con b y con o sin artículo según te venga en gana. Es un cachondeo ver cómo en los carteles indicativos, o en las propias guías, aparece escrito algunas veces con v, otras con b, otras con el artículo gallego ‘o’ y otras sin él. Algunos dicen que en gallego es con b y en castellano con v, pero luego ves un cartel donde te lo plantan con v junto a otros pueblos escritos en gallego y se quedan tan agusto, nunca he visto un caso así. Parece ser que su curioso nombre hace referencia a la existencia de fosos-trampa para cazar lobos en época medieval.

Camino a Ramil

Llegando a Ramil

Al salir de esta aldea la pista cruza la carretera un par de veces antes de llegar a Pasantes.

Pasantes

Poco más de 1 kilómetro después llego a Ramil, una aldea casi pegada a Triacastela, a cuya entrada hay un enorme castaño de 800 años que impresiona a todos los que por allí pasan y que no dudé en inmortalizar con mi cámara.

Ramil, casa

Castaño de 800 años

Castaño de 800 años, cartel

Poco después llego con Txema a Triacastela, pueblo que debe su nombre a los tres castros que rodean la localidad, en los que se asentaron los primeros pobladores de la zona.

Llegando a Triacastela

Triacastela

El núcleo actual se origina en el siglo XIII con el rey Alfonso IX, pero hoy en día no ha sabido conservar su aire medieval, siendo un pueblo mucho menos atractivo de lo que me imaginaba.

Iglesia de Triacastela

Quizás lo único destacable pueda ser la iglesia de Santiago, románica pero reedificada a finales del siglo XVIII, y que alberga un retablo plateresco.

Los pocos bares que tiene parecen un poco cutres y están en la calle por la que se entra al pueblo, no en la plaza principal, detalle que me extrañó bastante. En uno de los bares me fijo en un cartel que indica la distancia que falta hasta Santiago: 130 kilómetros. ¡Ya no falta nada!

130 km a Santiago

Como ya estábamos en la plaza principal, decidimos esperar a Tsubasa y a los catalanes, que se habían quedado atrás. Nos sentamos en un banco de la plaza a descansar y Txema se quedó dormido mientras yo hablaba. Viendo que los compañeros tardaban en llegar estuve por continuar yo solo hasta Samos, pero no quise despertar a Txema de su placentera siesta, y pensando que no tardarían mucho más decidí esperar. Me acomodé en el banco usando mi mochila a modo de almohada y me cubrí la cara con el sombrero para descansar un ratito. Me quedé adormilado un rato y en una de esas miro a mi alrededor y veo un perro que se ha echado a nuestro lado también a dormir. Menuda escena: Txema descalzo con los pies llenos de esparadrapos y tirado en un banco durmiendo, y yo con el sombrero cubriéndome la cara y una postura en plan “siesta del sheriff de un pueblo del salvaje Oeste”, y el perro a nuestro lado. El momento más ‘perroflauta’ del Camino, una pena no haber tenido foto. Me espabilé cuando empezó a chispear después de estar casi una hora sentados allí. Ya no podíamos estar esperando más, nos habíamos quedado bastante fríos estando allí parados y ahora seguir hasta Samos iba a ser mucho más complicado. Al fin, después de casi hora y media esperando, llega Tsubasa, que se había adelantado a los catalanes. Después de varios intentos conseguimos localizarles para que nos dijeran dónde estaban y cómo era posible que se hubieran quedado tan atrás. Al parecer habían parado a tomar algo, y al no avisarnos, Txema y yo pensamos que estarían cerca de nosotros. Nos dijeron que iban a volver a parar de nuevo cuando llegasen y que no tenían claro si seguirían más allá de Triacastela. Si lo llegamos a saber… Confiando en que vendrían habíamos perdido una hora y media allí sentados y encima el tiempo se había puesto chungo. Antes de partir, vemos un cartel con un texto totalmente motivador que nos da energías para continuar hasta Samos.

Cartel motivador en Triacastela

Al salir de Triacastela encontramos dos posible caminos para llegar a Sarria. El primero llega a Sarria a través de Samos, siendo la ruta más tradicional. El otro camino va por San Xil de Carballo, y sus 6 primeros kilómetros tienen un desnivel bastante incómodo hasta llegar al Alto de Riocabo, aunque en total son casi 7 kilómetros menos que la primera opción, pero con más tramos de asfalto y no tan llamativo en cuanto a paisajes. Ya teníamos bien claro que íbamos a dormir en Samos porque queríamos evitar tramos de carretera y subidas.

Salimos de Triacastela hacia la izquierda y caminamos algo más de 3 kilómetros junto al río Sarria por el arcén de la carretera hasta llegar a San Cristovo do Real, pueblo del que ya se tiene constancia en el siglo XII, que alberga un típico cementerio de la zona, un viejo molino, y el pazo y antigua herrería de Lusío, donde se fabricaron las rejas de la Catedral de Lugo.

San Cristovo do Real

San Cristovo, casa

San Cristovo, calle

San Estevo de Liñares, cementerio

San Cristovo, casa con huerta

Antes de llegar a San Cristovo se nos une un chico israelí, con más pinta de árabe que de hebreo, que venía cerca de nosotros. Tsubasa y Txema siguen con paso rápido y yo me quedo algo más rezagado hablando con el chico, que se hace llamar Haim. Parece majete, pero no para de hablar y preguntar constantemente y me empiezo a sentir un poco incómodo. En ese momento no me apetecía mucho seguir una conversación o escuchar a alguien hablando constantemente, sólo quiero disfrutar del paisaje.

Paisaje onírico

No quise ser descortés con Haim, así que aproveché un repecho para apretar el ritmo y así poder disfrutar en silencio de este camino, que en este punto nos regala paisajes oníricos de bosques, prados, y sendas sacadas de un cuento de hadas.

Paisaje onírico

Un kilómetro después llegamos a las aldeas de Renche y Lastres, y poco después a Freituxe, aldea de mayor importancia que las anteriores cuyos orígenes datan del siglo VIII, cuando se llamó “Villa Fructuosi”, pasando a depender tiempo después del monasterio de Samos.

Freituxe

Unos minutos más tarde llegamos a San Martiño do Real, con su iglesia románica rural de finales del siglo XII. Además de ella hubo un monasterio de finales del siglo VIII, construido bajo el mandato del rey Fruela I ‘el Cruel’.

Iglesia de San Martiño

Clásicos cerca de San Martiño do Real

Justo antes de cruzar la carretera nos alcanza Haim, y unos metros después ya podemos ver la imponente figura del monasterio benedictino de Samos.

Vista del monasterio de Samos

Una breve bajada nos deja a la entrada del pueblo, famoso por tener uno de los monasterios más antiguos de España y uno de los lugares más importantes del Camino (razón de más por la que vi absurdo tomar el itinerario que va por San Xil).

Samos

Es por tanto un pueblo totalmente unido a un monasterio, pues debe su fundación al mismo en el siglo VI, durante el periodo de dominación suevo. Fue San Martín de Braga, obispo y teólogo nacido en la actual Hungría al que se llamó “el apóstol de los suevos”, quien fundó el monasterio dedicándolo a San Julián y Santa Basilisa.

Portada del monasterio de Samos

De este primitivo edificio sólo queda la capilla prerrománica del Ciprés o del Salvador, de finales del siglo IX, situada frente al monasterio y junto a un gigantesco ciprés. El resto de lo que vemos es una construcción neoclásica de los siglos XVI al XVIII, pero no por ello menos espectacular.

Por desgracia el monasterio está cerrado por desinfección, así que damos un par de vueltas para encontrar un albergue u hostal. No tardamos mucho en encontrar el Hostal Victoria, para nosotros parece una opción inmejorable, pero Haim prefiere buscar otra. El hostal es un edificio precioso con una clásica fachada gallega en piedra, su típica galería, y unas vistas inmejorables al monasterio y al río Sarria.

Hostal Victoria

Por 10 € conseguimos una habitación en el primer piso, con 8 plazas en literas, y un baño para nosotros solos. Las vistas de la habitación son inmejorables.

Samos, vistas del Monasterio desde la ventana

Dejamos las cosas y Txema llama a los catalanes para ver si finalmente vienen. Nos dicen que están de camino pero aún les falta mucho para llegar, por lo que le dijimos a la mujer del hostal que nos guardara sus plazas. Mientras venían los demás decidimos ducharnos, descansar un poco, y bajar a comer al bar del hostal. Me gustó mucho el mantel de papel que pusieron con el mapa de Galicia y sus monumentos más importantes.

Mantel gallego

Me pedí un menú compuesto por caldo gallego, filete de ternera con patatas, vino, y tarta de Santiago acompañada de un chupito de licor Sansson que pidió de postre Raúl.

Caldo gallego en Samos   Tarta de Santiago

Justo antes de empezar a comer, dos chicos muy educados que parecían ser pareja completaron las dos plazas que quedaban libres. Poco después aparecieron los catalanes y se sentaron con nosotros en la terraza. Como no había lavado nada de ropa, escribí un poco el diario y me fui yo solo a dar un relajante paseo por el pueblo y a echar unas fotos.

Paseo por Samos

Samos, casa típica   Samos, estatua del peregrino

Me gustó mucho Samos, es un pueblo pequeño que me pareció muy agradable y tranquilo.

Samos, huerta del monasterio

Samos, puente sobre el río Sarria

A la vuelta fui al bar donde había bastante ambientillo, y por allí estaban los chicos viendo el fútbol. Jugaba el Barcelona contra la Real Sociedad y después el Atleti en casa contra el Osasuna. Mientras vi al Barça me tomé unas cervezas con unas tapas y algo de picoteo, y después me quedé a ver al Atleti. Los catalanes se subieron a dormir y Txema se quedó a ver a Osasuna, pero le pudo el sueño y también se fue al rato. Yo me quedé a ver ganar a mi Atleti, que hizo un gran partido contra un Osasuna que se posicionó muy bien en la segunda parte y aguantó bien el tipo. El que también aguantó bien fue Tsubasa, que volvió a impresionar al personal dando una exhibición de su dominio del castellano con su habitual sentido del humor. Mientras acababa el partido estuvimos hablando con dos señores del pueblo, los típicos que tienen muchas horas de barra, que nos acabaron invitando a una copa y contándonos batallitas. Uno decía haber tenido un restaurante en Madrid que ahora llevaba su hijo y él venía a pasar temporadas al pueblo, y nos estuvo contando historias de sus tiempos mozos por la capital. Empezaron a recoger el bar y vimos que eran ya la 1 de la mañana e iba siendo hora de irse a dormir.